"El día que pisé ese continente me propuse trabajar para volver."

Por Lola Tyrrell - Autoblog

En la segunda edición del “Mujeres Todo Terreno”, su creación, Sofía se manejaba con fluidez entre todos los pilotos del Jeep Off Road Park. Nacida en Buenos Aires y con 28 años, tiene una historia fabulosa y llena de detalles para contarnos, así que la entrevistamos para Autoblog.



-¿Cómo es tu historia personal, con el manejo todo terreno?

Es una historia familiar. Mi papá, Quique Cammarata, fue uno de los primeros en hacer actividades 4×4 en la Argentina. Es una anécdota bastante divertida: para ese entonces papá trabajaba en publicidad, en el mundo de la moda y el deporte, en una época en la que se hacían producciones grandes en serio. Viajaba por todo el mundo con los fotógrafos y las modelos. Para esa época, la automotriz Land Rover estaba con intenciones de desembarcar en Argentina y su presidente, el señor Mura, se entrevistó con el gerente comercial de la Editorial Perfil, para consultar por alguien que entendiera algo de 4×4 y de publicidad. Quique tenía un Land Rover Santana y muchas de sus producciones de moda habían sido en el Norte de África, donde siempre alquilaba vehículos todo terreno, pero sin conocimientos específicos sobre su uso correcto. La cuestión es que Mura lo llamó a casa y mi mamá no lo atendió durante una semana, pensando que era una broma: ¿para qué lo llamaría el presidente de Land Rover, que ni siquiera existía en Argentina todavía? Pero Mura insistió hasta que Quique lo atendió y se reunieron en San Telmo. Siempre recuerda la Discovery completamente nueva frente al Bar Británico, donde se reunirían: “un plato volador, para aquella época”. Mura le pidió “cuatro hojitas” con las ideas que se le ocurrieran para lanzar la marca en nuestro país y la segunda reunión fue en las oficinas de Land Rover, todavía vacías, junto a otras dos agencias muy importantes, esperando para hacer su presentación: venían con Power Point, maquetas, de todo, y Quique con sus cuatro hojitas estuvo a punto de irse, si no hubiera sido que se entretuvo hablando con el guardia de seguridad. La reunión con Mura fue corta: al salir de las oficinas lo llamó para confirmarle que sería el nuevo gerente de publicidad de la marca y automáticamente le dieron las llaves de una Discovery color verde. En ese momento estaba manejando la publicidad de algunas líneas aéreas y marcas de indumentaria y durante un par de años mezcló todos los rubros, pero de a poco el 4×4 y Land Rover lo atraparon. En ese momento, la vereda de mi casa se empezó a llenar de camionetas último modelo de todos los colores. Me llevaban al colegio en una distinta todos los días y me acuerdo que mis compañeros empezaban a inventar historias, que tenía que desmentir continuamente. Era muy difícil explicarles a qué se dedicaba mi familia, porque estaban iniciando una actividad completamente novedosa para la época. Así es que desde muy chiquita tuve contacto con este tipo de vehículos, y cada vez que se podía me llevaban a las travesías. Me acuerdo que en la primaria, cuando arrancaban nuevamente las clases, los profesores hacían la típica pregunta: ¿qué hicieron en sus vacaciones? Mi respuesta implicaba la subida a algún volcán activo, recorrer la selva misionera, acampar en el medio del desierto de Atacama. No me creían. En aquella época, muy poca gente hacía viajes de ese estilo. Era una verdadera aventura y yo era parte. Mis papás armaron la oficina de la Organización Off Road 4×4 Experience en mi casa y recuerdo sentarme en la alfombra del living con mi hermana a ensobrar las revistas que se enviaban por correo con las próximas travesías. Eran viajes muy divertidos, se generaba un clima de camaradería que me encantaba y hacerlo con mis viejos era único. Fue imposible no agarrarle el gustito.



-Además de la práctica y la experiencia con tu familia, ¿tomaste algún curso formal que te haya ayudado en este trabajo?

En Europa hay cursos de 4×4 con certificación oficial. Algunos miembros del equipo de pilotos de nuestra organización los hicieron y fui aprendiendo de ellos. En la Argentina, no existe ningún curso formal de manejo off-road, no hay ningún certificado oficial. Lo más parecido son nuestras capacitaciones en el Off Road Park. En esas clínicas tenemos instructores como Martín Coronel, José Quercigh (más conocido como “Mingo”) y Javier Dobalo (un ex comando de la Marina, más conocido como “Nemo”), con muchísima experiencia en 4×4. Ellos son mis maestros. En este punto es importante diferenciar Instructor de Piloto. Es como el que sabe esquiar y el instructor de esquí. Un instructor, además de muchas “horas de vuelo”, recibió capacitación. En ese sentido, yo todavía soy piloto, y si bien puedo dar una instrucción inicial como la que hacemos en “Mujeres Todo Terreno”, no entro dentro de la categoría de instructora formalmente. Sigo capacitándome. Cualquier instructor sabe de los riesgos que tiene esta actividad (un vehículo mal conducido puede ser un arma letal), y por eso aplican una escuela de enseñanza exigente. No por ser la hija de Quique me la hicieron más amena. En algún momento me gustaría asistir a la Escuela de 4×4 en la que se formó mi viejo como Instructor, que es la de Philip Simonin en Francia. Apuntamos a coordinar un viaje para el Equipo de Pilotos, para que tengan la posibilidad de formarse ahí.



-¿Fue fácil aprender con y de tu papá? ¿Cómo se llevan trabajando juntos?

Es una persona de la que tengo mucho que aprender. Tiene muchos años de experiencia en esto, y está bueno porque se anticipa a mis errores. La parte más linda es que tengo la oportunidad de viajar mucho con él, se conoce cada rincón de la Argentina, y cada vez que salimos de travesía aprovecho para exprimir todo lo que sabe. Es una fuente inacabable de historias y anécdotas de viajes y aventuras, es muy interesante escucharlo. Lo que a veces me resulta desmotivador es que al haber hecho tanto en el mundo del 4×4, muchas de las ideas que pongo sobre la mesa ya se hicieron. Es difícil innovar con un padre que lo hizo casi todo, por eso el “Mujeres Todo Terreno” es mi aporte, mi proyecto, y eso lo hace muy especial.




-¿Cómo organizan las travesías?


Hace un tiempo empecé a involucrarme en la organización de las travesías nacionales e internacionales, es la parte más divertida del trabajo. Lo más atractivo para mí sigue siendo el ruteo: buscar los caminos más interesantes, con los mejores paisajes. En muchos casos, a donde pretendemos llegar no hay ningún camino transitable y hay que salir a hacerlo, esa es la parte interesante. Vamos con GPS marcando puntos de referencia y haciendo la huella. Una vez que armamos un circuito que nos gusta, chequeamos puntos de abastecimiento y de alojamiento. Luego empezamos a reservar los hoteles y a armar el esquema de comunicación. En ese sentido, pude darle a la organización mi aporte “millenial: armamos una estructura de comunicación más completa, que nos permite alcanzar a más gente, no sólo a los aficionados al 4×4. También queremos llegar a la gente que sueña con una aventura y que todavía no conoce este mundo. En ese sentido habilitamos la categoría de “walkers”.




-Eso suena muy a “The Walking Dead”.


Sí, pero se refiere a los peatones. Es una idea para todos aquellos que no son fanáticos del manejo, pero quieren salirse de la combi repleta de turistas y conocer otro costado de la Argentina, participando dentro de las camionetas de organización. Es un segmento que sigue creciendo. Los lugares más pedidos por lo general están en el Norte Argentino, porque se mezcla la cultura regional con una gastronomía que fascina. También la provincia de Catamarca genera mucha demanda. Es una zona llena de contrastes, paisajes muy extraños y poca gente la conoce en profundidad. Eso genera curiosidad.


-¿Cuál fue el primer auto que manejaste? ¿Y tu primer 4×4?

El primer vehículo al que me subí de muy chiquita fue una Land Rover Defender: manejaba el volante con la ayuda de papá, porque todavía no llegaba a los pedales. Los domingos al mediodía, después del asado, cuando mi viejo se quería ir a dormir la siesta, mi hermana y yo éramos insoportablemente insistentes con la clase de manejo. Salíamos a manejar por la quinta y él empezaba a explicarnos la cuestión de las dos cajas, la de cambios y la de transferencia, y para qué servía cada una. Era información súper valiosa para “sacar chapa” por el handy en las travesías. Después, cuando estábamos atascados en el medio del barro de la selva misionera, aparecía la vocecita de una niña de 6 años diciendo: “¡Fíjense si todos tienen puesta la baja!”. La gente se reía. Al tiempo la organización empezó a trabajar con Toyota. Hacíamos temporada de verano en la frontera de Pinamar con un parador y una pista de pruebas sobre la arena. Para ese entonces ya llegaba a los pedales y me permitían hacer algunos de los obstáculos de la pista cuando no estaba abierta al público. Esas fueron las primeras maniobras de 4×4 que aprendí, arriba de una Hilux. Cuando saqué el registro a los 18 años compramos una Nissan Patrol del ’91. La camioneta y yo teníamos la misma edad y hace diez años que seguimos juntas.


-¿Qué recuerdos tenés del Camel Trophy de tu papá, si es que tenés alguno?

Quique fue director del Equipo Argentino del Camel Trohpy en la edición del año 1998. Para ese entonces yo tenía 7 años y recuerdo que toda la prensa llamaba a mi casa y mi mamá, que en ese momento se encargaba del “Marketing y Comunicación”, les informaba en qué etapa estaban, cómo venía funcionando el equipo, etcétera. Me llevaron al aeropuerto para recibirlo a su regreso, y me acuerdo que me alucinaba el uniforme. Todos tenían su campera, pantalones, bolso y hasta medias con el logo y los colores de Camel. Es un concepto que no va a pasar de moda, es y siempre será el ícono de la aventura y las competencias off-road. Luego de esa experiencia, nuestra organización hizo cinco ediciones de la “Experiencia 4×4”: era nuestro Camel Trophy argentino. La primera se hizo de La Quiaca al Calafate: 5.000 kilómetros de competencia tomando como eje la Ruta 40. La selección de los equipos se hizo en Campo de Mayo, con los Cascos Azules, ya que durante muchos años fuimos instructores de 4×4 para esas Fuerzas de Paz. La segunda experiencia fue de Iguazú a Atacama, donde empezaron a participar equipos de otros países como Brasil, Paraguay, Bolivia, Colombia y Uruguay. Lo más interesante del Camel Trophy es el concepto de la selección y la competencia por habilidades. El tan conocido Rally Dakar es una carrera súper exigente, pero no deja de ser por tiempos, donde gana el equipo más rápido y, a excepción de aquellos equipos profesionales sponsoreados, sólo puede participar el que puede pagarlo. En nuestras Experiencias 4×4 se realiza una selección y los equipos que participan deben demostrar ciertas cualidades y conocimientos específicos. En el desarrollo de la competencia, los “Marshall” (pilotos e instructores de la organización) se encargan de evaluar trabajo en equipo, orientación, lectura de terreno, entre otras características que debe tener el equipo ganador, además de cumplir con los tiempos. De estas competencias ya tengo más recuerdos y está dentro de nuestra proyección a corto plazo su reedición.


-¿Cuál es tu auto favorito para manejar off-road?

El Jeep Wrangler, sin vueltas. Nosotros le decimos “Pura Sangre del 4×4”. El sistema de tracción es muy completo, y a eso se le suman ángulos ideales. Para hacer los ruteos es nuestro caballito de batalla. Primero se manda el Wrangler y, si va y vuelve con buenas noticias, avanzamos. En ciertos lugares, no me atrevería a ir a investigar con otro vehículo. Igualmente, si tengo que elegir un vehículo para todo el año sería un Renegade o una Toro, les tomé mucho cariño. Son muy versátiles, levantan buena velocidad en ruta, son cómodos para la ciudad y al mismo tiempo tienen mucha capacidad off-road, obviamente con ciertas limitaciones. No son un Todo Terreno como el Wrangler, pero se puede hacer una travesía y la mayoría se sorprendería de lo que pueden hacer cuando sabés utilizar sus prestaciones.




-Y hablando de seguridad, ¿cuáles son tus consejos básicos?


En nuestros cursos siempre resaltamos la planificación y la anticipación. La gente subestima muchísimo los terrenos argentinos y son tan extremos como cualquier otro lugar del mundo. Muchos hablan del Sahara, del Desierto de Nubia o Rajasthan como lugares extremos, y en Argentina tenemos desiertos en altura también. Nuestra Puna alcanza en ciertas partes los 5.000 metros sobre el nivel del mar. Eso se da en muy pocos lugares del mundo y la transforma en un terreno tan peligroso como cualquier otro. Más allá de los elementos básicos que deberíamos tener en el vehículo para cualquier salida a la ruta, es importante llevar todas las herramientas de rescate (pala, eslinga/malacate, grilletes); elementos de orientación (el GPS es muy útil, pero siempre está bueno complementarlo con mapas, a la antigua, no falla); elementos de supervivencia (el agua es indispensable incluso en una salida a los médanos de la costa, aunque estemos cerca de la “civilización”). Es muy importante antes de encarar cualquier travesía chequear los puntos de abastecimiento y llevar tanques de combustible suplementarios, así como dos neumáticos de auxilio. Y lo más importante de todo es salir en grupo y comunicados, porque cualquier imprevisto en una travesía es mucho más fácil de maniobrar entre varios, que estando solos. Por eso siempre recomendamos las salidas en caravana.


-De todas las que hiciste, ¿cuál fue tu mejor travesía off-road?

Sin lugar a dudas, las africanas. No podría destacar una sobre otra, son distintas. La última que hicimos en el Norte de África, en Marruecos, fue muy especial porque fue la primera internacional que me permitieron organizar a mí. Y tenía el condimento de tener un casamiento en el medio del Sahara. Hay toda una anécdota muy divertida en relación a ese viaje, porque los novios querían que la celebración fuera al estilo bereber, en el medio del desierto. La logística desde Buenos Aires con los marroquíes fue relativamente sencilla, pero una vez allá, en el medio de la arena, todo tenía que suceder y siempre estaba el riesgo de que alguna falla en la comunicación previa saltara. Por suerte, todo salió perfecto, excepto el clima: ese día llovió como nunca en el Sahara. Increíble. Y las travesías que hacemos por el Sur del continente africano son completamente distintas. El cruce del Desierto del Kalahari (Botswana y Zimbabwe), donde tenemos muchas noches de carpa arriba de los techos de las camionetas, sabiendo que somos el único grupo de seres humanos en muchos kilómetros a la redonda. Esa adrenalina de dormir en el medio de la sabana, sabiendo que alrededor del campamento están dando vuelta animales salvajes, es adictiva. Ahí realmente te sentís un expedicionario por un ratito. En la travesía a Namibia se le suma la emoción de entrar en contacto con las distintas etnias, las distintas tribus (himbas, hereros, damaras), y paisajes con contrastes alucinantes. Desde la primera vez que pisé ese continente me propuse trabajar para volver. Dicen que existe algo así como el Síndrome del Desierto. Yo digo que es el Síndrome de África: si fuiste una vez se transforma en una necesidad volver.



Lola Tyrrell

Periodista Autoblog

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